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Energía a debate, Enero - Febrero 2009
 

Bautizando a una robusta quinceañera

 

El programa nacional de normalización para la eficiencia energética ya lleva más de quince años funcionando sin llamarse así y ahora le quieren poner nombre en una ley.

 

Odón de Buen Rodríguez*

 

De los aspectos que más me llaman la atención de las dos nuevas leyes relacionadas con la transición energética aprobadas por el Congreso de la Unión, son su coincidencia en la promoción de la normalización para la eficiencia energética en México y el que pareciera que no se ha hecho nada a la fecha.

La Ley para el Aprovechamiento Sustentable de la Energía se refiere, en su Artículo VII, a “establecer un programa de normalización para la eficiencia energética”, que en las mismas palabras aparece en la Ley para el Aprovechamiento de Energías Renovables y el Financiamiento de la Transición Energética, en su capítulo IV, la Estrategia Nacional para la Transición Energética y el Aprovechamiento Sustentable de la Energía.

Sin dejar de ser loable, este interés de nuestros legisladores (y de los funcionarios federales que les ayudaron a realizar el trabajo técnico) parece ignorar el trabajo, sumamente exitoso, realizado en México desde el nacimiento de la (próximamente “reloaded”) Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) en 1989 y con la expedición de la Ley Federal sobre Meteorología y Normalización (LFMN) en 1992.

 

Las normas de eficiencia energética

En México, el interés en aplicar normas como forma de mejorar la eficiencia energética se remonta a los inicios de la Conae en 1989, cuando fue creada como comisión intersecretarial y tuvo como una de sus primeras misiones la de establecer dichas normas. Esto se inició tímidamente en los primeros dos años de la Comisión, pero tomó fuerza y forma un par de años después con la expedición de la LFMN en 1992.

En particular, la Ley establece el mandato de implantar normas técnicas obligatorias (Normas Oficiales Mexicanas o NOM) que marcan “las características y/o especificaciones que deban reunir los productos y procesos cuando éstos puedan constituir un riesgo para la seguridad de las personas o dañar la salud humana, animal, vegetal, el medio ambiente general y laboral, o para la preservación de recursos naturales.”

En México, las NOM de eficiencia energética obligan a que no se pueda comercializar (ya sean productos manufacturados localmente o importados) ningún equipo o sistema con niveles de eficiencia energética por abajo de los definidos por estas normas.

Específicamente, la Conae, en un mandato transferido oficialmente por la Secretaría de Energía (que en la LFMN tiene formalmente esta atribución para cumplir con la preservación de recursos naturales no renovables) y es la que se ha encargado de la elaboración de NOM de eficiencia energética, las cuales regulan los consumos de energía de aquellos aparatos y sistemas que, por su demanda de energía y número de unidades requeridas, ofrezcan un potencial de ahorro cuyo costo-beneficio sea satisfactorio para el país y los sectores de la producción y el consumo.

El cumplimiento de las NOM se apoya en un conjunto de instituciones e instancias que, establecidas por la LFMN, conforman un sistema nacional de normalización y que incluye al Centro Nacional de Metrología —que es el laboratorio primario del Sistema Nacional de Calibración—, a la Entidad Mexicana de Acreditación (ema)(1) y a un conjunto amplio de organismos de certificación(2), laboratorios de prueba y unidades de verificación (UVies)(3).

Actualmente en México están vigentes 18 NOM de eficiencia energéticas e incluyen equipos de uso en el hogar (refrigerador, aire acondicionado, lavadora de ropa, bomba de agua, calentador de agua), en la industria (motores eléctricos y aislantes térmicos), en el sector servicios (para iluminación interior, envolventes de edificios, sistemas de refrigeración comercial y de aire acondicionado), en los municipios (sistemas de alumbrado y de bombeo de agua) y en la agricultura (bombeo de agua).

 

El caso de la NOM para refrigeradores y congeladores de tipo doméstico

La NOM aplicable a refrigeradores y congeladores es un ejemplo emblemático del proceso de normalización para la eficiencia energética en México; esto, por la visibilidad de los equipos, su importancia en el consumo de electricidad en los hogares, por venderse más de un millón al año en México y por los ahorros que ha generado la aplicación de la norma.

Esta norma forma parte del primer conjunto que fue analizado y desarrollado por la Conae, en un esfuerzo que arranca a inicios de 1990, pero que adquiere forma con la entrada en vigor de la LFMN en 1992 y que cobra valor para la industria local fabricante de estos productos con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica en 1994.

Precisamente, la posibilidad de participar en los mercados de Estados Unidos y Canadá —con normas de eficiencia aplicables a estos equipos desde varios años antes— favoreció que la industria con capacidades de exportación apoyara los esfuerzos de la Conae para llevar adelante la norma.

Así, la primera versión de esta norma se publicó en el DOF el 8 de septiembre de 1994, como NOM-072-SCFI-1994 y entró en vigor a partir del 1º de enero de 1995. Esta primera versión representó una reducción de 34% en el consumo unitario de los refrigeradores más comunes en México, que son los de 15 pies cúbicos y dos puertas Con la certidumbre que en su momento dio la publicación de esta norma, se inició un proceso de desarrollo de laboratorios de prueba, de los cuales hoy en día se tienen nueve acreditados, dedicados a los refrigeradores y congeladores(4).

La segunda versión de esta norma se publicó en el DOF del 11 de julio de 1997, como NOM-015-ENER-1997, y entró en vigor el 1 de agosto del mismo año. En este caso, la reducción de los consumos unitarios fue de 14.76%.

La tercera versión de esta NOM tuvo como antecedente el proceso de homologación que se llevó a cabo en el contexto del Grupo de Energía de Norteamérica y que trabajó en la unificación de criterios de métodos de prueba y requerimientos mínimos de eficiencia para tres equipos eléctricos: refrigeradores, motores eléctricos y equipos de aire acondicionado de ventana(5).

Así, al publicarse la NOM-015-ENER-2002 el 15 de enero de 2003, la norma de eficiencia energética de México aplicable a refrigeradores y congeladores (al igual que la de motores eléctricos y aires acondicionados de ventana) quedó homologada con la de los Estados Unidos y Canadá.

 

Los impactos de las NOM

De acuerdo con el estudio que llevó a cabo el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE) con el apoyo del Laboratorio Lawrence de Berkeley (LBL) sobre el impacto de las NOM de eficiencia energética de la Conae y que sólo analizó las aplicables a tres equipos (refrigeradores, motores y equipos de aire acondicionado de ventana), estas normas evitaron, entre 1996 y 2006, la generación de cerca de 52,700 millones de kWh, que equivale a aproximadamente una cuarta parte de la generación eléctrica nacional en 2005 (o a lo que producirían seis plantas de mil MW operando todas las horas de un año). Esto significa, además, que se dejó de quemar el equivalente a más de 80 millones de barriles de petróleo para generar electricidad(6).

Este impacto está reflejado, precisamente, en la evolución misma del consumo de energía eléctrica en México, el cual es proyectado anualmente para los siguientes diez años por la Sener (con el apoyo y la información de la CFE).

Revisando la Prospectiva del Sector Eléctrico 1998-2007 y comparando el consumo proyectado versus el reportado para ese plazo, nos encontramos con que el consumo que se proyectaba para 2007 resultó 23% superior al que realmente ocurrió (Figura 1).

Figura 1. Evolución esperada del consumo eléctrico
en el año 1998 y consumo real para el período 1998-2007

Por supuesto, además de los ingredientes de optimismo (“wishful thinking”) de quienes son responsables de esta planeación y que consideraron un crecimiento mayor de la economía, el hecho es que la diferencia es muy significativa y que mucho de esto se debe al efecto de las NOM de eficiencia energética.

Conclusiones

Pues sí, las autoridades mexicanas, finalmente, se dieron cuenta de que la niña llegó a los quince años y no había sido bautizada. En otras palabras, este programa nacional de normalización para la eficiencia energética ya lleva más de quince años funcionando sin llamarse así y ahora le quieren poner nombre en una ley. El hecho es que no era necesario poner esta obligación en una ley porque ya estaba, en la práctica, en otra.

El sistema que permite que las NOM sean efectivas sólo funciona si existen los elementos que establece la Ley Federal sobre Meteorología y Normalización. Sin esta ley, las intenciones de las nuevas leyes no serían posibles.

Ya se han aprovechado los principales potenciales en los equipos de mayor consumo en electricidad (refrigeradores, motores, aires acondicionados) y en uso de gas (calentadores de agua y aislamiento térmico industrial).

Que el énfasis de normalización de eficiencia energética debe ser, en esta etapa, en edificios y en vehículos. Sin embargo, en edificios se requeriría que la ley obligue a estados y municipios a integrar, en sus reglamentos de construcción, aspectos que regulen el consumo de energía de nuevas construcciones (y que no están en las nuevas leyes). A su vez, en vehículos es posible que las nuevas prácticas internacionales ubiquen las normas en aspectos más cercanos a las emisiones de gases de efecto invernadero que en consumo de energía, es decir, que estas leyes no ayuden a ese loable propósito. En fin, diría que algo que hay que reconocer de nuestras honorables autoridades, es que este bautizo de la quinceañera haya sido discreto, ya que habría ruborizado a todos el andar mojando en público a una mujer tan robusta y bella…

 

Pies de nota:

(1) Acreditación: el acto por el cual una entidad de acreditación reconoce la competencia técnica y confiabilidad de los organismos de certificación, de los laboratorios de prueba, de los laboratorios de calibración y de las unidades de verificación para la evaluación de la conformidad

(2)  Organismos de certificación: las personas morales que tengan por objeto realizar funciones de certificación. A su vez, la certificación es el procedimiento por el cual se asegura que un producto, proceso, sistema o servicio se ajusta a las normas o lineamientos o recomendaciones de organismos dedicados a la normalización nacionales o internacionales.

(3)  Unidad de verificación: la persona física o moral que realiza actos de verificación. A su vez, se entiende como verificación a la constatación ocular o comprobación mediante muestreo, medición, pruebas de laboratorio, o examen de documentos que se realizan para evaluar la conformidad en un momento determinado.

(4)  http://www.conae.gob.mx/wb/CONAE/CERT_laboratorios_de_prueba#_NOM-015-ENER-2002

(5)  http://oee.nrcan.gc.ca/NAenergyefficiency/NAEWG_Standards-Labels.pdf

(6)  Comisión Nacional para el Ahorro de Energía, 16 de abril de 2007: www.conae.gob.mx/wb/CONAE/NOM_Conae_ahorros_estimados

 

Es ingeniero mecánico-electricista por la UNAM y maestro en energía y recursos por la Universidad de Barkeley, California. Fue responsable de la dirección general de la Comisión Nacional para el Ahorro de Energía (Conae) de 1995-2003. Actualmente es presidente de Energía, Tecnología y Educación, ENTE S.C., y dirige el proyecto de Transición Energética. (demofilo@prodigy.net.mx, www.funtener.org)

 

Energía a Debate es una revista bimestral de análisis y opinión de temas energéticos,
editada por: Mundi Comunicaciones, S.A. de C.V.