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Energía a debate, Enero - Febrero 2009
 

Nuevos contratos en Pemex: el reto del cambio cultural

 

¿Cuál es el trabajo que se desarrolla en su área?

Pemex Exploración y Producción tiene muy clara su visión y para ello se estructuraron diversas iniciativas estratégicas dentro de nuestro plan de negocios. Dentro de las actividades estratégicas podemos destacar la tasa de reposición de reservas, incrementar la producción, descubrir campos en aguas profundas, reactivar campos maduros, lo que es muy conocido para todos.

El asunto es hacer realidad esos objetivos entre los diversos retos y oportunidades. En el área de nuevos mecanismos de ejecución, buscamos apoyar a la organización de la empresa a que proyectos estratégicos sean implementados y si difícilmente pueden ser implementados bajo mecanismos tradicionales, buscamos mediante mecanismos innovadores ayudar a alcanzar esos objetivos. Nosotros tenemos bajo esta lógica de trabajo más de seis años. Una premisa fundamental, es obvio decirlo, es que nuestro trabajo debe estar apegado al marco legal vigente, así como está descontado que cualquier proyecto que instrumentemos debe ser rentable y conveniente para Pemex.

La reforma abre un nuevo abanico de opciones y de oportunidad para instrumentar nuevos mecanismos de ejecución. En el nuevo marco legal, está perfectamente bien entendido cuáles son las intenciones del Legislativo, las restricciones que hay, lo que se puede y no se debe hacer.

Habrá un nuevo esquema que sustituirá a las leyes de Obras Públicas y de Adquisiciones para las actividades sustantivas. ¿Pemex ya sabe lo que quiere en esta materia?

En todo momento el objetivo es el proyecto, o sea el proyecto y su resultado. El objetivo no es un contrato en sí mismo. Si los nuevos modelos nos ayudan y nos facilitan ejecutar proyectos de mejor manera, entonces se instrumentan. Si no, se sigue sobre la vía normal, para ello el marco legal está dado.

Hoy tenemos la nueva Ley de Petróleos Mexicanos. El requisito de esa ley, conforme al transitorio séptimo, es que Pemex podrá celebrar o elaborar contratos en función a las disposiciones que emita el Consejo de Administración. Una vez que el Consejo de Administración apruebe las disposiciones  relativas a la contratación de Pemex, tendremos el marco, la regulación específica aplicable a los nuevos contratos. Ya teniendo ese marco, trabajaremos en los nuevos contratos.

¿Quién tiene la responsabilidad de reglamentar los nuevos esquemas de contratación?

El Consejo de Administración y el comité. Hay siete comités. Uno de ellos se ocupa de obra pública y de adquisiciones. Es clave este comité, porque tiene las atribuciones de interpretar la ley y de proponer las disposiciones para la aprobación del Consejo. Son dos atribuciones muy fuertes. Tiene una responsabilidad, a mi juicio muy importante, de que debe asegurar la consistencia entre el plan de negocios y la estrategia de contratación. Suena obvio, pero es muy importante porque se le está dando la obligación legal de un cuerpo colegiado, para que asegure que la ejecución en el campo, a través de los contratos de cualquier índole, sean congruentes y respondan a los objetivos de los proyectos. Eso parece elemental y lógico, pero no necesariamente hay este aseguramiento de la congruencia. Entonces, el comité tiene un rol muy fuerte hacia el futuro, en el nuevo escenario de la industria.

¿No será difícil lograr y aplicar estos cambios?

Hay principios que van definiendo el rumbo. Uno es que no debemos de replicar la regulación. Hay toda una inercia, una cultura –déjeme llamarle de esa manera–  de obra pública y adquisiciones. Esa cultura está muy arraigada, no solamente en nuestra organización, sino en el mercado mismo de contratistas y proveedores. No va a ser sencillo cambiarla, creo que va a tomar algo de tiempo, creo que la propia empresa deberá  reorganizarse, replantear procesos en ese sentido.

El marco legal, así como nos da la oportunidad de evolucionar, de dar pasos hacia adelante, también está el riesgo de que nos quedemos parados en el mismo lugar, si el consejo y  los comités  no tienen esa visión y entendimiento de las cosas. Es un riesgo quedarnos parados en el mismo lugar, replicar la regulación actual y ponerla  en las nuevas disposiciones.

La idea de no replicar la regulación existente y buscar nuevas fórmulas, ¿implica desarrollar contratos diferentes para cada tipo de obra? Significa que, en las actividades sustantivas, ¿nos alejaremos de los esquemas de precios unitarios?

La política de contratación de Pemex se basa en la instrumentación de modelos institucionales de contratos. La familia de contratos que hoy existe básicamente es de obra pública –obra pública bajo precio unitario, obra pública bajo precio alzado– o de adquisiciones. Lo que esperamos hacia el futuro es que justamente esta familia de modelos de contrato sea más amplia. Se tiene que involucrar a toda la organización en esto.

Hasta ahora, hablando de obras y servicios, Pemex se conecta con la economía a través de dos modelos económicos: o precio unitario o precio alzado. Tener únicamente dos vías, dos vehículos de comunicación con la economía, nos limita bastante. A través de la nueva Ley, aun considerando las restricciones claras en la Ley, tenemos ahora la opción de conectarnos de diversas maneras.

¿Nos puede explicar algunas de esas opciones?

Por ejemplo, está la opción de las tarifas unitarias, que suena a precios unitarios, pero la lógica es bien diferente. El precio unitario se forma de la suma de los componentes que eventualmente conforman una obra o un servicio. En cambio, la tarifa no requeriría el integrar pieza por pieza para determinar el valor de un bien o servicio. Por ejemplo, para un trabajo de mantenimiento, no requerimos el estar integrando o generando cantidad de burocracia o cantidad de requisitos para armar una tarifa.

Otro ejemplo puede ser el pago del reembolso de una inversión más un margen predefinido en el contrato, lo cual en la industria se llama cost plus. Esto da flexibilidad y, sobre todo, certidumbre en la ejecución. Hoy, el precio unitario y el precio alzado presuponen que todo es perfectamente definible, o sea, que la tecnología, los volúmenes de trabajo, el número de piezas a armar son perfectamente definibles. La realidad es que no es así. El cost plus le da certidumbre al propio contratista, incluso al saber que va a poder recuperar su inversión, sin estar expuesto a la rigidez de la propia ley.

Por otra parte, el modelo actual de precios unitarios y de precios alzados no sólo no fomenta la incorporación de nueva tecnología, sino incluso lo prohíbe prácticamente. La Ley de Obra Pública casi prohíbe la innovación tecnológica, porque dice que no se vale que se cambien los alcances de una obra. Bajo esa ley, una innovación o una mejora tecnológica se interpreta como cambio de alcance u objeto. Pero, si el objeto es la productividad de los pozos, cualquier innovación que ayude en ese sentido debe por definición incorporarse.

¿Los nuevos contratos ayudarán en la exploración?

Yo creo que en todos aspectos. Hoy, la actividad exploratoria desde el procesado, en el empleo de los algoritmos, en los elementos para interpretar una zona sísmica, en los métodos para interpretar una sísmica, debe estar predefinida en el contrato. En cambio, el esquema nuevo va a permitir que el que está haciendo el procesado pueda proponer soluciones mejores que den resolución, mejor calidad en el servicio y resultados en menos tiempo. Creo que la flexibilidad por la incorporación de tecnología aplica en todos lados, en la exploración, en mantenimiento, en explotación, en temas de seguridad, incluso, en seguridad industrial y protección ambiental.

¿Mejorarán las relaciones de trabajo y fomentarán la calidad y la competencia?

Creo que sí. Fomenta la competencia, porque un proveedor o contratista busca tener relación estable a largo plazo con su cliente y la forma de dejar contento al cliente es ofreciéndole un costo razonable y resultados palpables. En el caso de la industria petrolera, la calidad está íntimamente relacionada con la tecnología. Con más tecnología, mejores resultados y menores costos. Toda alianza estable de largo plazo es una búsqueda por mantener contento al cliente y aquí la manera de mantenernos contentos es con más producción y más reservas.

Tratándose de obra pública, ¿se mantendrá el concepto de calificación por puntos y porcentajes que actualmente existe en el Reglamento de la Ley de Obra Pública?

Para una adjudicación, debemos observar y asegurar reglas y criterios claros y concisos. En la medida en que los criterios empiecen a ser complejos, la vuelven menos objetiva. Una evaluación por puntos y porcentajes, ponderando  claramente con anticipación los elementos que vamos a medir en función a evidencias objetivas, le da muchísima transparencia, eficiencia y mejores ofertas.

En el caso de aguas profundas, igual que otras explotaciones, la ley prohíbe hacer ciertas cosas, como compartir las reservas o los ingresos. ¿Pemex consultará con las compañías sobre cómo armar contratos que les atraigan a esta actividad?

Hablando de aguas profundas o de cualquier otro proyecto, la idea es determinar qué es lo que Pemex requiere. Necesitamos capacidad de exploración, capacidad técnica para solventar el desarrollo, capacidad financiera, etcétera. Una vez determinado esto, diseñamos un borrador de modelo de contrato y podemos lanzarlo al mercado para tener la retroalimentación de la industria. Es el proceso que estaríamos buscando seguir.

¿En algún momento de este año estarán lanzando al mercado diferentes tipos de contratos?

Sí, en función a lo que el Consejo de Administración y la Dirección General nos instruyan. Podemos prever un escenario en el que los comités se integrarán y empezarán a elaborar propuestas en febrero. Después de mayo y junio podríamos tener el marco completo para las contrataciones, con reglamento y disposiciones. En ese momento, podríamos poner a consideración de la industria proyectos de contrato, es decir, a partir del segundo semestre de 2009. Cada proyecto, cada área es diferente. Entonces si la estrategia de la Dirección y del Consejo es que lanzamos primero aguas profundas, habrá un modelo de contrato para aguas profundas. Si la decisión es que primero vamos por tierra, digamos Chicontepec, tendremos que responder primero con un contrato para tierra.

¿Piensa Usted que Pemex puede ofrecer a las empresas nacionales e internacionales algo atractivo para aguas profundas?

He escuchado diversas opiniones al respecto, que la Ley se quedó chiquita, que le falta, que necesitamos más. Pero creo que con la Ley se está dando un paso impresionante, un enorme paso, porque es un cambio de cultura, un cambio en la forma de hacer las cosas, que deja claro muchas condiciones que antes no eran muy evidentes. La nueva ley se enfoca más hacia resultados, ya no hacia el procedimiento. Yo creo que sí hay la oportunidad de elaborar esquemas competitivos a nivel internacional. Una empresa internacional con las competencias técnicas y financieras para hacerle frente a un proyecto de aguas profundas busca como objetivo el de tener un retorno por su inversión de manera competitiva. Entonces si Pemex es capaz de elaborar un modelo de esa manera y ponerlo a consideración de ellos, es factible atraerlos.

Sin embargo, si la empresa con la competencia técnica y financiera busca tener otro tipo de derechos que hoy en México no se puede obtener, entonces ya está fuera esa empresa. Hay compañías que por sus características jamás se van a acercar a México. Los grandes difícilmente entrarían porque así operan ellos. Si no tienen derechos sobre las reservas, sobre el hidrocarburo, difícilmente estarán aceptando un esquema de negocio. Pero también hay empresas que conocen estas condiciones mexicanas y que están dispuestas a participar.

 ¿Cuáles serán los obstáculos? ¿Las contralorías y la nueva Comisión Nacional de Hidrocarburos. ¿Ellos ayudarán u obstaculizarán que las cosas se hagan de una mejor manera?

Creo que el mayor riesgo, insisto, es el tema cultural, que nos quedemos parados en el mismo lugar. La tentación es quedarnos en el status quo, y digo la tentación porque para muchos es lo más cómodo. Cambiar de cultura requerirá de un esfuerzo adicional.

¿Se podrá reducir la carga de trabajo para los contratistas? Hay licitaciones donde se llenan cuartos de carpetas, nada más para elaborar una oferta.

Algo que buscaríamos es reducir esa carga burocrática de trabajo innecesario, que además de representar este trabajo adicional a los licitantes, es una barrera a la entrada para los participantes. Podemos encontrar pequeñas, medianas empresas en el mundo dispuestas a ofertar sus servicios y tecnología, pero es tal el volumen de requisitos, que se inhiben y se regresan. Si pretendemos ampliar la oferta y la competencia, es una condición necesaria darle más objetividad y simplificar los procesos y la ejecución misma.

Con la nueva Ley, ¿se han aclarado las dudas sobre la legalidad de los nuevos modelos de contratos?

Creo que la nueva Ley no deja ninguna duda sobre la legalidad. Habrá grupos que deberán seguir atacando y digo que deberán porque es su rol. Eso nos motiva a asegurar justamente un instrumento sólido, algo que sea defendible, que sea a prueba de balas. Me parece perfecto que siempre haya una crítica. Eso nos mueve a revisar y a estar seguro de lo que hacemos y queremos.

Energía a Debate es una revista bimestral de análisis y opinión de temas energéticos,
editada por: Mundi Comunicaciones, S.A. de C.V.