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Energía a debate, Julio-Agosto 2008

 

8 opiniones valientes y valiosas

 

Nos han dado mucho sobre qué reflexionar los foros de debate en el Senado de la República. El Presidente Felipe Calderón ha dicho que se concentran en lo histórico y lo ideológico, lo cual es cierto en buena parte, pero son aspectos que no se deben minimizar.

Ha habido también enfoques propositivos y novedosos que cuestionan ideas del pasado y resaltan la conveniencia de cambiar nuestras formas de hacer las cosas. Hemos escogido ocho de las intervenciones que consideramos más relevantes en ese sentido. La selección es subjetiva –no pretende subestimar la importancia de otras intervenciones– y hemos incluido, a propósito, algunas de las menos publicitadas en los medios. Pero se trata de posicionamientos progresistas que miran hacia el futuro. Por eso, son dignos de destacarse.

 

Pensar libremente la reforma

HÉctor Aguilar CamÍn*

 

Como la abrumadora mayoría de los 110 millones de mexicanos que son dueños nominales del petróleo, no sé lo que sucede en Pemex. No tengo claro lo que hay que reforzar o corregir, pero sí dos de las amarras que a lo largo de los años  han ahogado las altas promesas del petróleo en las aguas profundas de una empresa más reputada por su corrupción y su ineficiencia, que por su eficiencia y su modernidad. A estas dos amarras quiero referirme. Son la mitología nacionalista y la debilidad fiscal del Estado.

La mitología nacionalista nos impide hablar del petróleo y de Pemex como lo que son: una materia prima y una empresa (en realidad, un organismo descentralizado). El petróleo y Pemex son parte de nuestra economía real, pero son, sobre todo, emblemas de nuestra nacionalidad imaginaria. Esta es una atadura simbólica, pero más férrea que cualquiera real.

Me pregunto por qué no podemos alterar, ni siquiera pensar en alterar, los principios constitucionales y los principios simbólicos que rigen nuestra visión de la industria petrolera, aunque sean esos principios los que nos han llevado a la situación actual de la que, eso sí parece claro, todos queremos salir. (...)

En su iniciativa de reforma, el gobierno ha respetado de dientes para afuera el texto constitucional, tratando de saltarse sus restricciones mediante cambios en las leyes secundarias. Es una astucia y es una simulación. Esta soberanía incurriría en una astucia y una simulación equivalentes diciendo que no tocará un texto que se incumple todos los días porque es el que encarna la voluntad de la Nación. La voluntad de la Nación, hasta donde puede verse, es no cumplir ese texto.



No digo que haya que cambiar la Constitución, eso lo decidirá esta Soberanía. Lo que digo es que hay que pensar esta reforma libremente, sin supuestas ataduras constitucionales que en realidad no atan a nadie. Se trata, creo, de pensar libremente lo que le conviene al país y hacer luego los cambios legales que hayan de hacerse, incluyendo, si hacen falta, cambios constitucionales.

Respecto del rechazo a la privatización, hay que decir que ayuda poco a la claridad del debate, porque la iniciativa que se discute no privatiza Pemex. Privatizar en sentido estricto quiere decir que la empresa sea vendida a capitales privados, como se vendieron los teléfonos y los bancos. No creo que nadie pretenda tal cosa en el México de hoy.

Asunto distinto es que haya inversión privada en la industria petrolera. Si llamamos a esto privatización, no hay nada que pelear: hace rato que el petróleo en México está privatizado, parcialmente al menos, pues la inversión privada es clave para el funcionamiento actual de Pemex. En mi opinión, la pregunta adecuada no es si debe haber o no contratos en Pemex, sino dónde y cómo. La respuesta obvia es: donde convenga para que Pemex sea la empresa eficiente que no es. (…)

La otra atadura de Pemex es la debilidad fiscal del Estado, una debilidad histórica. La secretaría de Hacienda, que no cobra impuestos suficientes, dispone de las utilidades de Pemex para cubrir el 40 por ciento de las necesidades presupuestales del gobierno.

Si fuera levantada la cadena de Hacienda sobre Pemex y se le diera a la empresa la facultad de reinvertir sus utilidades, Pemex sería una empresa mejor de lo que es, pero el presupuesto de la Federación debería buscar 40 de cada 100 pesos que gasta en otra parte. Desde luego que ésta sería la solución de fondo a la prisión presupuestal de Pemex. Pero el dinero de Pemex no alcanza para Pemex y para el gobierno. Lo que es bueno para Pemex, en este caso, no es bueno para el gobierno.

Los legisladores que quieran devolver a Pemex sus utilidades quitándolas del presupuesto federal, deben también decirnos cómo arreglarán el presupuesto. No se trata de tapar un hoyo haciendo otro, sino de legislar responsablemente y plantear, junto con la reforma petrolera, una reforma fiscal que ponga al Estado en camino de ser libre, también el del petróleo.

Una vez garantizada la transparencia, habría que darle a Pemex libertad como empresa, libertad para hacer todo lo que hacen las empresas petroleras modernas, con las que compite, incluyendo la libertad de asociarse con quien sea y tomar la inversión que le convenga – privada o pública, nacional o extranjera. Esto no implica vender Pemex o perder su control por el Estado, sino hacerla una empresa de altos rendimientos para los mexicanos. El objetivo final debería ser convertir a Pemex en uno de los motores del desarrollo de México, sin perder la propiedad sobre la materia prima ni el control sobre la empresa que la explota.

Pemex puede y debe ser una empresa transparente y moderna. Cómo hacerlo, no lo sé, pero hay suficientes ejemplos interna-cionales a los que dirigir los ojos con humildad y ambición.

 

El 27  y el 28, artículos poco claros

Miguel Carbonell*

 

El texto del artículo 27 constitucional no es muy claro en sus alcances y suscita dudas de varios tipos respecto del significado concreto que se le puede o debe dar a algunos de sus párrafos. El hecho mismo de que se hayan convocado estos foros es la mejor prueba de que el tema es complejo. No es posible, al menos para mí, emitir un juicio de valor global sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de las iniciativas.

Creo que hay que estudiar cada una de sus partes por separado y creo que al hacerlo así se van a detectar cuestiones que son del todo compatibles con la Constitución y otras que lo son menos o que están en la frontera de la inconstitucionalidad. Los juicios globales, contundentes y omnicomprensivos, sobre el apego a la Carta Magna de las iniciativas son propios de ideólogos o de posturas políticas, como tales respetables. Pero a los que nos dedicamos al estudio de la Constitución se nos llamó para exponer un criterio técnico-jurídico y no nuestro posicionamiento ideológico. Tampoco se nos ha convocado para dilucidar si las iniciativas recogen adecuadamente las mejores opciones desde el punto de vista de las políticas públicas, de las alternativas financieras más viables o de las prácticas más exitosas a nivel internacional. Siendo temas interesantes, deben ser analizados en un segundo lugar.

El artículo 28 párrafo cuarto presenta alguna dificultad hermenéutica ya que está redactado en sentido negativo: dice que no constituyen monopolios las funciones que el Estado ejerza de manera exclusiva en áreas estratégicas y menciona expresamente al “petróleo y demás hidrocarburos”, así como a la petroquímica básica. Ahora bien, el párrafo siguiente del artículo 28 nos indica que el Estado contará con los organismos y empresas que requiera para el eficaz manejo de las áreas estratégicas. ¿Tales empresas deberán ser solamente estatales? ¿qué significa que el Estado “contará” con ellas? ¿Significa que deberán ser bajo toda circunstancia de su propiedad? No podría deducirse así de forma indubitable, desde mi punto de vista.

 

 

El artículo 27 precisa en su párrafo sexto, última parte, que la Nación llevará a cabo la explotación del petróleo, sin que se puedan otorgar concesiones o contratos en esa materia. Tenemos que preguntarnos por el alcance del término “explotación” a la luz del párrafo sexto del artículo 27. Si lo interpretamos armónicamente con el artículo 5 constitucional, me parece que por explotación debemos entender el proceso que implica el alumbramiento del petróleo (la exploración y la extracción), así como la obtención de los correspondientes beneficios. En virtud de lo anterior, considero que la refinación de petróleo por parte de particulares no está prohibida por la Constitución y puede ser autorizada válidamente para que la lleven a cabo los particulares. (…)

Ha habido expresión de dudas de constitucionalidad respecto del contenido del artículo 46 de la Ley Orgánica de Pemex, que prevé modalidades contractuales con incentivos por eficacia o éxito de la obra o servicio, aunque dichos incentivos serán pagados solamente en efectivo. Yo no veo en esas modalidades de contratación una inconstitucionalidad directa, palmaria, incontestable. Podría tener dudas sobre su pertinencia o idoneidad en términos de política pública pero eso es otra cuestión.

Hay aspectos de las iniciativas que valdría la pena considerar ya que sí pueden suponer un eventual conflicto con normas constitucionales. Por ejemplo, los miembros del consejo de administración deben estar sujetos al régimen general de responsabilidades de los funcionarios públicos si es que cobran del erario. Si tuvieran carácter honorario no, pero al cobrar del erario público y ejercer actos de autoridad, devienen en funcionarios públicos.

Las excepciones a los procesos de licitación deben estar establecidas en ley, de acuerdo a lo que señala el artículo 134 constitucional. Ningún comité interno de Pemex debería tener facultades para dictar normas en esa materia. Es la ley la que señala las situaciones de excepción. La iniciativa del Presidente cuida este aspecto, pero quizá convendría ser muy precisos en la redacción del artículo 22 fracción VII de la Ley Orgánica, para evitar cualquier suspicacia, sobre todo teniendo en cuenta el enorme volumen de recursos que maneja Pemex.

De lo que brevemente se ha expuesto creo que se puede concluir que las iniciativas tienen aspectos concretos que son mejorables y que deben ser revisados a fin de evitar su posible confrontación en términos de constitucionalidad. Eso puede hacerse en el curso del procedimiento legislativo. (…) Yo quisiera recordar que en la gran mayoría de los Estados democráticos del mundo rige el principio de presunción de constitucionalidad de la ley. Esto significa que a quien le incumbe la carga de la prueba es a quienes sostienen la inconstitucionalidad y no al revés.

 

Refinación: todo lo que falta

Juan Antonio BargÉs Mestres*

 

En México la demanda de refinados ha crecido más que la producción. Por falta de inversiones, se han impulsado las importaciones. De 2000 a 2007 importamos 38 mil millones de dólares; del 2007 al 2013, serán 190 mil millones. Satisfacer la demanda interna requerirá construir dos refinerías de 300 mil barriles al día, que requerirán inversiones, hoy, de 15 mil millones de dólares. Las seis refinerías existentes requerirán de inversiones para las configuraciones, las coquizadoras, ductos, cogeneración, flota, calidad de gasolinas, tren de lubricantes, algo así como 10 mil millones de dólares. Es decir, estamos hablando que se requerirán 25 mil millones de dólares, que es una cifra de 3 mil 500 millones de dólares anuales.

Por el lado de la oferta, el abasto en los próximos 7 años será garantizado sólo con importaciones, por lo que se deben iniciar inversiones de inmediato para dos refinerías nuevas, reconfiguraciones y todo lo relativo a modernización y logística.

¿Por qué no evaluar proyectos de etanol y biodiesel, que podrán ayudar a sustituir el MTBE? Impulsar energías renovables, promover la energía nuclear.

Todas estas actividades son acciones de largo plazo. Pero también hay que impulsar mucho los centros de investigación el Instituto Mexicano del Petróleo (IMP), el Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE) y la creación de otros centros para el desarrollo de combustibles y de estudios que conduzcan a asegurar el abasto de energético y calidad y a precios competitivos.

Tenemos que trabajar en la demanda. Impulsemos el ahorro de energía, modernización de electrodomésticos, aire acondicionado, refrigeración. Modernizar los transportes terrestres, evitar importar coches chatarra, impulsar nuevas tecnologías para motores, la sustitución de coches chatarra, la adquisición de coches híbridos, trenes y nuevos sistemas de transporte público.

Fortalecer las finanzas públicas, impulsar el empleo y, con políticas inteligentes, reactivar la industria de bienes de capital, construcción y firmas de ingeniería en México. Lograr el desarrollo regional. Una refinería inventa una ciudad. Reforzar a la industria petroquímica y por ende a la industria de la transformación. Disponer de precios competitivos.

 ¿Cómo hacerlo? Hay que analizar todas las opciones. Pemex continuará invirtiendo como lo ha venido realizando, sin embargo, los flujos de Pemex resultan insuficientes y los recursos de que dispone, se asignarían responsablemente a los proyectos que reportan más utilidad: petróleo y gas asociado.

Inventemos RefMex. Se propone evaluar una empresa paraestatal independiente de Pemex, con estaciones de servicios propios. Ésta sola atendería la misión de refinar crudo, nacional o extranjero, ya que no tendría otras opciones de inversión.

 

 

¿La maquila? Se ve difícil que resulte atractivo para quien lo tuviera que hacer. O bien, la apertura del sector refinación, el sector privado nacional y público invierten, individualmente o en conjunto. Ya el sector privado está participando en tratamientos de aguas, en plantas de oxígeno, ya las estaciones de servicio son privadas, no son de Pemex. ¿Por qué no analizar bien el conjunto de la apertura del sector refinación, como es Noruega, como es Brasil, como es Canadá? Sí existe una problemática en el sector energético, que requiere con urgencia su atención. No obstante que se tomen decisiones para realizar inversiones de inmediato, el abasto de refinados y petroquímicos sólo se asegurará a través de importaciones durante los próximos siete años, siempre y cuando se inicie de inmediato la construcción de refinación.

Que uno de los resultados de este foro sea el de identificar un grupo interdisciplinario que defina una política energética integral, que resuelva la problemática de abasto, tecnología, financiamiento, ahorro de energía, medio ambiente, recursos humanos y competitividad, entre otros.

Elaborar el proyecto energético de largo plazo del país y evaluar las necesidades de inversiones que requerirán. Es decir, cómo se financiaría el proyecto energético los próximos 10, 15 y 20 años. Estudiar otros esquemas exitosos, como el de Noruega, está Statoil y Petrobras, donde coexisten el sector privado y público.

Se insiste en ver la conveniencia que la visión en materia de hidrocarburos y de energía, no se limite a Pemex, sino a la visión de un millón 200 kilómetros cuadrados, que posee el país de sedimento de petróleo y gas, y que tenemos que explorar, para saber si existen los hidrocarburos y de ser así, cuánto hay.

La propuesta que hoy se está analizando, sobre los cambios en Pemex, apunta en la dirección correcta. Pero está muy lejos de lo que algunos pensamos se requiere en el sector energético para su modernización y que éste sea, una vez más, el que impulse el crecimiento de México.

 

 

La petroquímica sí es rentable

OthÓn Canales TreviÑo*

 

En los años noventa, el gobierno intentó privatizar la petroquímica sin éxito y habría que preguntarse ¿por qué? Asuntos puramente técnicos se ideologizaron. Se generaron filias y fobias. Grandes debates quedaron en la nada, y hasta la fecha, no sólo siguen sin resolverse, sino que poco a poco han ido acabando con la industria en general. Baste decir que la importación de productos petroquímicos asciende a más de 18 mil millones de dólares por año, que sumados a los casi 30 mil millones de dólares de importaciones de combustibles, han conducido a que toda la generación de divisas derivada de la exportación del crudo se utilice para subsanar estos faltantes indispensables para la vida diaria del país. No encuentro la lógica.

Se ha afirmado que sólo la extracción de crudo es rentable, cosa que nadie niega; y que la refinación y la petroquímica no lo son, cosa con la que discrepo profundamente. Para sustentar mi tesis, me voy a permitir hacer un ejercicio muy simple. Sé de antemano que va a ser descalificado por muchos, sin embargo, lo que quiero ilustrar es que si nos imaginamos a los Pemex nuevamente integrados como uno solo, y tomamos en cuenta sólo los dineros que entran y salen del mismo, haciendo caso omiso de todas las restricciones impuestas desde fuera a las transacciones entre subsidiarias, encontraríamos que al día de hoy el costo total en el que incurre la paraestatal en encontrar un barril de petróleo, sacarlo, separarle el gas, acondicionarlo para la entrega al cliente y transportarlo hasta los puntos de venta, es de aproximadamente 12.50 dólares por barril.

 

 

Si este mismo barril se vende en, digamos, 100 dólares en promedio, la utilidad, independientemente de la forma en que Pemex se la entregue a Hacienda, vía impuestos, derechos, etcétera, la utilidad que Pemex entrega al pueblo de México es de 87.50 dólares por barril.

Ahora bien, analicemos ¿cuánto le costaría a Pemex Petroquímica, y de paso a Refinación, el barril de materia prima si hacemos caso omiso de las utilidades, desde mi punto de vista ficticias, que se generan en las ventas interorganismos? Pues, a Pemex Refinación le costaría el barril los mismos 12.50 dólares, no los 100 que tendría que pagar en el mercado si fuese un refinador independiente no integrado. Es un refinador integrado, no es un refinador independiente no integrado.

Su costo de transformación es de aproximadamente 7 dólares por barril. Es decir, a Pemex Petroquímica, la materia prima surtida por refinación, le llegaría a un costo de 19.50 dólares. En el caso del gas natural, el costo de transformación es de aproximadamente 2.50 dólares por barril equivalente. Es decir, la materia prima que recibiría Pemex-Gas, tendría un costo de aproximadamente 14.50 dólares por barril equivalente.

Para acomodar eficiencias e ineficiencias no tomadas en cuenta, permítanme aunque sea incorrecto, sumar los costos de transformación, de refinación y de gas, y considerar este número como el costo total al que Pemex Petroquímica recibiría la materia prima, independientemente de su origen, si viene de gas o viene de la refinación, es decir, 22 dólares por barril.

A este costo, hay que sumarle el costo de producción de petroquímica, ciertamente el mayor de todos, y que estimo en alrededor de 103 dólares por barril, equivalente, dando un costo total de transformación, desde el crudo hasta el producto petroquímico de 125 dólares por barril equivalente.

Hoy día, la subsidiaria vende sus productos al mercado a un precio promedio de 282 dólares por barril equivalente, lo que arroja una utilidad acumulada a través de toda la cadena de 157 dólares por barril, lo que es casi el doble de lo que se tiene por la exportación del crudo.  La renta petrolera, el año pasado, equivalió a 40 dólares por barril.

Entiendo que el análisis es simplista, pero ilustra adecuadamente los efectos de operar a Pemex como lo que en realidad debería de ser: una empresa petrolera integrada, cuyo propósito es contribuir a generar la mayor riqueza posible para el pueblo de México, quien es el único y verdadero dueño del petróleo y de Pemex

Nunca nadie ha estado en mejor posición para sacar adelante a nuestro país como Pemex, y desgraciadamente, al tomar decisiones sesgadas, al no tener una visión común al respecto, al ideologizar temas técnicos y sobre todo por añejos miedos sobre controlarla, hemos logrado tener algo, que ni es gobierno, ni es empresa, que se le juzga con rigor por ineficiencias inducidas desde ámbitos gubernamentales externos a la misma, que al limitarle los recursos y ejercer un control desproporcionado, la han convertido en una suerte de Gulliver amarrado, que lejos de atacar, desea vehementemente ayudar al pueblo de México, y no lo logra.

 

 

Mirar más allá del petróleo

OdÓn de Buen RodrÍguez*

 

Es evidente la necesidad de hacer algo para modernizar a Pemex, pero, al mismo tiempo y con la misma intensidad y urgencia, deberíamos estar ya discutiendo qué vamos a hacer para quitarnos esa enorme y peligrosa dependencia del petróleo que tienen las finanzas públicas y nuestra economía.

Me inquieta mucho que se afirme que el petróleo debe ser el motor del desarrollo de México. Creo que en este momento puede ser ya una expresión tardía, a “toro pasado”. Entonces, ¿cuál es el motor o cuál debería serlo? La respuesta debe ser que somos nosotros, los mexicanos, los que somos el motor del desarrollo de México. Más que el petróleo, lo que en realidad debe mover al país es la capacidad productiva de los mexicanos, su ingenio e imaginación, su ánimo de progreso, su ánimo de mejora. Entonces, además de encontrar las fórmulas para mantener con vida una industria con evidentes signos de pronta declinación en el mundo, mucha de nuestra capacidad creativa debería estar ya trabajando para empujar con mayor intensidad la necesaria transición energética hacia la era post-petrolera.

Los seres humanos y otras formas de vida existimos porque existe una delgada capa luminosa en la que habitamos. Esa delgada capa es la atmósfera terrestre y no es más ancha que unos kilómetros, no es más extensa que la distancia que recorremos en menos de 10 minutos en un auto a gran velocidad. En esa delgada capa está, sin embargo, toda la vida que se conoce en el Universo. Ahí es donde ahora vivimos y donde vivirán nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros bisnietos y toda la vida y humanidad que tomará nuestro lugar en los años y siglos por venir.

Así, la combustión de estos enormes volúmenes de hidrocarburos ha resultado en crecientes problemas ambientales en ciudades y regiones enteras, además de transformar las características químicas de esa delgada capa luminosa, llevando a un creciente aumento de su temperatura promedio y poniendo en riesgo a grandes regiones del planeta por acelerados y radicales cambios en el clima.

 

 

Es en ese contexto global donde se ubica México y, evidentemente, no es ajeno ni a la declinación del petróleo ni a los fenómenos del cambio climático. Sin embargo, y en función de lo que me ha tocado ver y vivir en toda mi carrera profesional, parece que en México sólo queremos aferrarnos al pasado en un mundo que cambia aceleradamente y donde el cada vez más escaso petróleo será cada vez más castigado por su carácter contaminante y porque, afortunadamente para el planeta, se han ido encontrado alternativas para reducir la dependencia del petróleo. Estas alternativas no tienen ni formas únicas ni toman el lugar del petróleo de un día para otro. Como en su momento ocurrió con el petróleo, se van integrando lentamente a la economía a lo largo de varias décadas.

Precisamente, hace unos días, al realizar un recorrido por la ciudad que en mi auto podría tomar 15 minutos y que me tomó dos horas por la gran congestión urbana, yo me preguntaba: ¿estamos discutiendo tan apasionadamente el tema del petróleo para que lo terminemos quemando parados, montados en autos de ocho cilindros, por horas diarias en el tráfico?

¿Es para esto para lo que queremos el petróleo? ¿Para tirarlo sin uso útil y sufriendo sus impactos ambientales? ¿Qué no podemos promover agresivamente el transporte público en las ciudades? ¿Qué no podemos fomentar la capacidad creativa de nuestros arquitectos e ingenieros y construir edificios que en vez de usar petróleo para expulsar la abundante energía solar que les llega, en su lugar la aprovechen e, inclusive, tengan excedentes de energía que puedan compartir? ¿Qué no podemos tratar el agua o usar el agua de lluvia para no tirar cientos de miles de barriles de petróleo para moverla de tan lejos?

¿Qué no podemos multiplicar rápidamente, con tecnología probada en el mundo, con técnicos mexicanos y a costos menores que los sistemas basados en petróleo, el aprovechamiento de la abundante energía solar, del viento y de la bioenergía?

Yo creo que sí podemos, pero para eso tenemos que darle tanta importancia a la construcción de la transición hacia el mundo post-petrolero como la que le damos a lo que hoy nos reúne.

Por supuesto, esto involucra un proceso que dura varias décadas y que requiere de grandes inversiones, de decenas de miles de profesionistas y técnicos capacitados, de leyes, de normas, de instituciones, y de empresas que hoy son apenas incipientes en nuestro país. Por supuesto también, si no empezamos hoy, seremos profundamente irresponsables.

Por eso, aprovecho esta oportunidad para hacer una atenta y urgente solicitud a esta soberanía y a los poderes del Estado Mexicano a que, como se hace ahora con el petróleo, se inicie la construcción de las alternativas para el México post-petrolero.

 

A superar rezagos de Pemex

JesÚs Reyes-Heroles GonzÁlez Garza*

 

La falta de una estrategia clara de expansión de Petróleos Mexicanos (Pemex) durante los últimos lustros ha hecho que se rezague respecto a otras empresas petroleras, tanto de las llamadas nacionales como de las internacionales. En consecuencia, en sólo siete años Pemex pasó del lugar 6° al lugar 11° entre las empresas petroleras integradas, según Petroleum Intelligence Weekly (PIW). Dicho rezago abarca múltiples aspectos de la operación de Pemex. Se estima que existe un pasivo de mantenimiento de cuando menos 30 mil millones de pesos; su capacidad de generación de nuevos proyectos se debilitó sustancialmente, debido a mecanismos de presupuestación y contratación que complican la operación e impiden una adecuada planeación de largo plazo. También, el personal de la empresa ha envejecido: en los próximos cinco años se jubilarán alrededor de 2,500 trabajadores de confianza, que abarca 46% de los mandos superiores; el personal de la empresa ha mostrado menos iniciativa que en otras empresas petroleras. (…)

Los deficientes resultados de Pemex en materia de reposición de reservas, producción, refinación, seguridad en el abasto y petroquímica resultan de la acción simultánea de diversos factores institucionales que representan las causas externas de los problemas de Petróleos Mexicanos. Es útil agrupar esos factores externos en los siguientes conceptos: rigidez de la normatividad presupuestal; rigidez de la normatividad en materia de deuda; marco legal inadecuado para adquisiciones, contratación de servicios y obra pública;  modelo de control, propio de entidades públicas pero inadecuado para una empresa productiva como Pemex; gobierno corporativo deficiente, en cuanto a la fuerza de su Consejo de Administración y la falta de comités que agilicen la toma de decisiones; esquema tributario inadecuado para proyectos estratégicos de mayor costo y complejidad; y un sistema de rendición de cuentas insatisfactorio, entre otros. Atacar dichas causas externas debe ser el propósito central de toda reforma que busque fortalecer a Pemex.

 

 

A estas causas de origen externo se suman otras causas internas, entre las que destacan: deficiencias del sistema para visualizar, conceptualizar y desarrollar (VCD) proyectos de inversión; rigidez en materia de relaciones laborales; carencia de una política efectiva de desarrollo de recursos humanos; entre otras. Las 15 iniciativas estratégicas de Pemex tienen como propósito corregir dichas deficiencias internas, que a su vez contribuyen a la frágil situación de la empresa. (…)

La historia de las instituciones y de los países se escribe en capítulos sucesivos pero discontinuos. Un cambio de capítulo representa una oportunidad. Pemex y México están en esa coyuntura. Las condiciones de los mercados de hidrocarburos, las prácticas de las empresas petroleras, las prácticas  y el funcionamiento de las economías han cambiado de manera radical. Sólo en esto último México no ha sido excepción.

¿Por qué sorprenderse acerca del rezago de Pemex respecto a otras empresas petroleras nacionales, cuyos gobiernos y congresos les han creado las condiciones necesarias para su modernización, su crecimiento y su internacionalización? 

Si los plazos del cambio en México son largos, los plazos del cambio en Petróleos Mexicanos son mucho mayores. Por múltiples causas, a Pemex se le ha condenado a ser una empresa sin estrategia de crecimiento, sin política de modernización tecnológica, sin estrategia de recursos humanos, sin posicionamiento internacional, rehén de la normatividad y la burocracia y, lo peor, sin visión de futuro. ¿Cómo explicar ante tantos mexicanos que sienten orgullo por su empresa que gobierno tras gobierno no se le haya dado la oportunidad a la empresa para desarrollarse?

México, su gobierno, y la actual legislatura enfrentan la oportunidad de iniciar esa reforma. Nadie quedará satisfecho del todo, pero nadie resistirá la condena histórica de no hacer nada hoy. Éste es el momento para llevar a cabo la reforma, cuando los precios del petróleo son altos, cuando las finanzas públicas tienen una situación de fortaleza, cuando la mayoría de la opinión pública acepta y exige fortalecer a Pemex y permitirle operar como una verdadera empresa. Quienes laboramos en Petróleos Mexicanos entendemos, quizás mejor que nadie, que Pemex tiene mucho que perder si no se aprueba la reforma integral que propone el Presidente Felipe Calderón. Para la empresa es indispensable recuperar una esperanza de crecimiento y una posición de liderazgo en la industria petrolera internacional. Se requiere una solución mexicana que sólo será posible con el esfuerzo de todos, lo que implica liberar a Pemex de conflictos políticos ajenos.

 

 

Dejar de importar refinados

JosÉ Antonio BeltrÁn Mata*

 

Ha quedado claro que existe un grave problema en materia de refinación y que se avizoran grandes dificultades para que Pemex Refinación cumpla con la obligación constitucional de abastecer la demanda de productos refinados del país. (…) Lo que requerimos para terminar con la incongruencia de ser un país exportador de crudo e importador de refinados, es que exista por parte del Estado la voluntad para definir una estrategia petrolera que permita la inversión indispensable para aumentar el Sistema Nacional de Refinación.

El diagnóstico del propio Petróleos Mexicanos, en materia de refinación, más que asustarnos, nos debe habilitar para transformar las debilidades en fortalezas y convertirlas en ventajas competitivas. No podemos dejar de tener presente que la misión de Pemex Refinación es satisfacer la demanda nacional de productos petrolíferos y maximizar el valor económico de la empresa, mediante su operación y desarrollo eficientes, competitivos y sustentables para atender las necesidades de sus clientes en un marco de seguridad industrial.

No tenemos tiempo. Es necesario iniciar los trabajos de reconfiguración en el actual Sistema Nacional de Refinación, transparentando los procesos de ejecución y responsabilizando la conducción de dichos proyectos a quienes hoy administran Pemex Refinación y no distraernos en opciones poco confiables como podría ser la incorporación de una maquila en esta materia, independientemente de su inconstitucionalidad o legalidad. Lo cierto es que no es funcional.

 

 

Una vez conocidas las fortalezas que en materia de refinación tiene la paraestatal, resulta obvio que la maquila no representa respuesta alguna para solucionar la obligación de suministrar la demanda de petrolíferos que requiere el país. Lo que se advierte indispensable es no prolongar esos proyectos de reconfiguración, ya que los mismos representan una oportunidad de negocio que se reflejaría en ganancias adicionales y en la reducción de los volúmenes de importación a niveles administrables y prácticos.

Garantizada la refinación, debemos entonces abocarnos a garantizar la valía del mercado interno que tenemos. En 2006, se vendieron 1,461,000 barriles diarios de productos petrolíferos, con un valor anual antes de impuestos de 381 mil millones de pesos. Para 2016, la Secretaría de Energía estima las ventas diarias en 1,900,000 barriles diarios. Suponiendo que los precios permanecen constantes, el monto de dichas ventas, antes de impuestos, crecerían en 30% con un monto de 495,742 millones de pesos, equivalente a 45 mil millones de dólares actuales. Ante esto, reitero, lo que es indispensable es poner atención en la necesidad de mantener el control y vigilancia en el transporte, almacenamiento y distribución de los productos refinados, aprovechando la oportunidad que brinda el hecho que en las iniciativas propuestas se incorporan atribuciones a la Comisión Reguladora de Energía para regular y normar esta actividad, que por grotesco que parezca, permanece sin regulación o autoridad que la controle o supervise, un ejemplo de ello es la existencia del mercado ilícito de combustibles que continúa intacto después de surgir en 1998, a partir de una mala decisión de cambiar el esquema comercial de productos refinados.

Necesitamos nuevas refinerías para terminar la infamia de continuar importando productos refinados. Sin embargo, no nos preocupa de dónde sacar el presupuesto requerido. Pese a ello hemos hecho caso omiso del costo que representa la pérdida del mercado de productos petrolíferos, en particular gasolinas y diesel, efecto del crecimiento del mercado ilícito de combustibles.

El valor que representan años de un mercado irregular y desordenado superan en mucho el valor de una o dos refinerías. Por tanto afirmo: podemos aumentar nuestro Sistema Nacional de Refinación, mejorar las prácticas operativas, optimizar las limitaciones de infraestructura en almacenamiento de distribución, y asegurar el suministro de los productos refinados que requiere el país, si observamos una política integral donde se contemple, como un todo, la refinación, la distribución, transporte, comercialización y el manejo de los productos, es decir, privilegiemos la cadena de valor.

Se trata de voluntad, de voluntad del Estado, de reconocer que el Sistema Nacional de Refinación ha quedado paralizado desde 1979, y ello ha implicado el desastre en la balanza comercial actual. Ese desastre tiene respuestas a corto, mediano y largo plazo, simplemente privilegiando el marco normativo actual sin interpretaciones novedosas, y sobre todo, puntualizando que la complementariedad del sector privado significa coadyuvar, no sustituir, la obligación que la Constitución mandata a Pemex.

 

La riqueza ya la gastamos

Rogelio Gasca Neri*

 

Hace dos años, en un documento titulado “Petroglobalización sin competitividad: la tormenta perfecta”, que puede ser encontrado en www.energiaadebate.com.mx, señalaba que, cito:

“En México, la preocupación se ha centrado en una posible reducción de los precios del petróleo y se ha asegurado que la producción petrolera se va a incrementar, pero todo indica que los precios del petróleo se van a incrementar y que la caída inminente de la producción de Cantarell no va a poder ser reemplazada, el cual es el peor de los escenarios.” Este pronóstico ha resultado cierto. (…)

En el sexenio pasado, Pemex pronosticaba 4 millones de barriles diarios (MMbd) para el 2006 (la producción real fue de 3.33 MMbd), y 4.34 MMbd para el 2008. En la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2008, artículo 7, publicada el 7 de diciembre de 2007 se cita una producción de 3.2 MMbd para el 2008, y en la Prospectiva del Mercado de Petróleo Crudo 2007-2016, de Diciembre 11 de 2007, de la Secretaria de Energía (Sener), se pronostica una producción de 3.246 Mbd para el 2008, para luego mantenerse en casi el mismo nivel en los siguientes años. Pues bien, nuestro pronóstico es que en 2008 la producción será de 2.8 MMbd, y cayendo.

En un escenario que llamaremos base, el cual no contempla descubrimientos relevantes de fácil extracción, pero sí contempla el escenario actual de sobreexplotación, para el 2012 la producción alcanzaría sólo 1.9 MMbd de petróleo crudo. Las implicaciones de este escenario son muy relevantes para las finanzas públicas.

Sin considerar un crecimiento en el consumo interno, para el 2012 Pemex sería importador neto de hidrocarburos. Esto es, el valor de sus exportaciones no alcanzaría a compensar el valor de sus importaciones. Pero el país lo sería antes, porque falta incluir el gas natural importado por CFE y los privados, así como las importaciones privadas de otros derivados. Para el 2015, Pemex sería importador de petróleo crudo.

 

 

Como el escenario no contempla descubrimientos relevantes de fácil extracción, es probable y deseable que los números reales vayan a estar por arriba del escenario base. Sin embargo, todo indica que en 2012 la producción de Pemex de petróleo crudo va a ser inferior a los 2.2 MMbd y, desafortunadamente, esto sin importar lo que se haga ni lo que se gaste, lo que significa un millón de barriles diarios menos que los 3.2 MMbd pronosticados por Pemex para el 2008.

Sin embargo, considerando el crecimiento en el consumo interno, para el 2012 la balanza comercial de Pemex con el extranjero será casi nula o ligeramente negativa, y para el próximo sexenio Pemex será importador de petróleo crudo, sin importar cuántos recursos de inversión se le otorguen a Pemex y sin importar la autonomía que tenga para gastarlos, a menos que se crea en milagros.

El pronóstico para el 2012 de 1 MMbd menos a los 3.2 MMbd pronosticados por Pemex para el 2008 no tiene nada de extraordinario cuando se considera que la producción de crudo en el 2008 será 1.5 MMbd inferior a la pronosticada hace poco más de 3 años (2.8 vs 4.34 MMbd en enero 31 de 2005).

El futuro de la renta petrolera no se ve bien, por más que aumenten los precios internos de los hidrocarburos, lo que disparará la inflación. Bajará junto con la producción y la exportación de petróleo. Como los recursos de la exportación petrolera ya están integrados en el gasto del sector público, los problemas de ingresos y gasto empezaran a sentirse antes del 2012. ¿De cuánto estamos hablando? A 110 dólares por barril, 1 millón de barriles diarios significa más de 40,000 millones de dólares anuales, casi el 5% del PIB y cerca del 20% del gasto del gobierno federal. Si los precios del crudo continúan a la alza, el problema será mayor.

La Reforma es de género propio, porque el objetivo expresado en las iniciativas es defender a Pemex de la ineficiencia de las demás dependencias, del mismo Ejecutivo y de Pemex mismo. La discusión de la Reforma Energética presenta una dicotomía: si se cree que Pemex va a elevar o mantener la producción, entonces el escenario es rosa y tendrían razón los que defienden el status quo y que sostienen que el asunto se arregla únicamente dándole autonomía a Pemex y reforzando la rectoría del Estado. Si, por el contrario, se cree que la caída en producción es inminente, entonces la iniciativa de Reforma se queda corta.

La realidad es que la riqueza petrolera ya la gastamos al ritmo de la estrategia de sobreexplotación de Cantarell. El problema de la caída de Cantarell es de una magnitud tan grande que la sobreexplotación de todos los demás campos sólo diferiría el problema unos cuantos meses. Para el 2012, la producción apenas estará por encima de los 2 millones de barriles, y cayendo, amén de que habrá que pagar los Pidiregas y el pasivo laboral. Cuando esto ocurra, la salida va ser querer hacer otra reforma fiscal, pero no habrá tela de dónde cortar.

 

(El documento completo de esta intervención puede ser consultado en www.energiaadeabte.com.mx)

 

 

Energía a Debate es una revista bimestral de análisis y opinión de temas energéticos,
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