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Regresar a la lista artículos | Inicio El monopolio y el precio del gas
GEORGE BAKER* Siempre es un dilema el saber a qué precio vender productos del Estado en condiciones de monopolio, no importa el país que sea. En el caso del gas natural, la solución encontrada por la Comisión Reguladora de Energía (CRE) en 1996 fue la de establecer su precio de acuerdo con la cotización spot del Houston Ship Channel. Desde el principio, esta medida fue criticada por quienes observaron que el consumidor mexicano pagaría por las anomalías locales o regionales en los mercados de Estados Unidos, ya tengan relación con la infraestructura o con el clima: “Con un invierno frío en Chicago, pagaríamos más en Monterrey, por donde no había habido ningún cambio en el clima,” decían los industriales de Nuevo León. Nueve años después, en 2005, los industriales, representados por agrupaciones cúpulas como la Asociación Mexicana de Gas Natural (AMGN) y la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ), han propuesto un nuevo esquema de precios para el gas natural, basado en el costo de explotación de Pemex más una utilidad razonable. “Que esa utilidad fuera del 100 por ciento,” dijo el presidente de la ANIQ en una rueda de prensa el 18 de octubre pasado. “El costo de producción de gas que tiene Pemex es de 2.20 dólares por millón de BTUs. Por lo tanto, sería aceptable que nosotros pagáramos 4.40 dólares.” (El dato de los 2.20 dólares es atribuible al Instituto Federal de Acceso a la Información Pública, IFAI, que lo obtuvo de Pemex). Esta idea jamás va a funcionar. En primer lugar, no resulta confiable la cifra de 2.20 dólares como costo de producción. En segundo lugar, no existe en el mundo una empresa que opere bajo una regla que diga “el precio será tu costo de producción más X por ciento”. Los precios de los productos en el comercio mundial obedecen a señales del mercado, no a los costos de producción. Por supuesto, el mercado de gas natural de Estados Unidos no brinda las señales correctas para que sus precios sean aplicados como referencias para el mercado mexicano. Sin embargo, tampoco existen propuestas de alternativas viables a esta referencia. EL CASO DEL GNL Una opción que hoy se promueve para complementar la oferta de gas natural en México es el gas natural licuado. La posibilidad de que México pudiera importar GNL no fue contemplada por el gobierno de Ernesto Zedillo, ni tampoco por el Congreso en 1995, cuando fueron aprobadas las reformas legales en relación la participación de particulares en las actividades de distribución, transporte y almacenamiento de gas natural. Con el alza de los precios de gas natural importado desde Texas en el segundo semestre de 2000, surgió la idea de encontrar otras fuentes de suministro de gas, y, así, nació el interés en GNL. Por las dificultades políticas prevalecientes, sobre todo, por la falta de apoyos al Ejecutivo en el Congreso, en 2003 la CRE no pudo publicar un cambio jurídico para acomodar la actividad del comercio de GNL en la ley reglamentaria del Artículo 27 Constitucional. En su defecto, y con mucha perspicacia, colocó todo lo relacionado con el GNL en el apartado de almacenamiento del reglamento existente, una salida que fue aceptable a los inversionistas. Para poder atraer a un inversionista que construyera y operara una planta regasificadora, La Comisión Federal de Electricidad (CFE) —paraestatal que no recibe divisas por sus ventas—asumió las obligaciones de pagar en dólares al desarrollador que propusiera construir una regasificadora en Altamira, pero en lugar de pagar menos que el precio del gas cotizado en Estados Unidos, se tuvo que pagar el precio spot del mercado de Henry Hub más 0.18 dólares por millón de BTU. Está en juego la posibilidad—vista como remota— de lograr un abastecimiento de gas natural con un mecanismo de precios independiente de Estados Unidos. La idea que esta promoviendo la CFE en Manzanillo, al involucrar el Estado en el negocio de GNL, debe verse como una apuesta de alto riesgo. En
los últimos tiempos, se ha visto que tanto las tormentas y los huracanes
como la insuficiente abastecimiento de GNL en los Estados Unidos inciden en
el precio de electricidad en México, gracias al sistema de precios con
marcadores de referencia internacionales. Este sistema tiene el efecto de encarecer
tanto el gas natural como la electricidad en México. *Es doctor en Historia, egresado de la Universidad de Duke. Ha sido profesor invitado de la facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es director de la consultoría México Energy Intelligence, con sede en Houston, Texas. Realiza reportes ejecutivos sobre el sector energético de México. (www.energia.com, g.baker@energia.com).
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