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Con Fox, no hubo química

Durante muchos años, la industria química y petroquímica era decisiva en el desarrollo de México, integrando cadenas productivas. Hoy, sin embargo, todo es diferente.

DAVID SHIELDS*

El libro de Raúl Muñoz Leos, Pemex en la encrucijada, llamó la atención por el hecho de recriminar al ahora ex presidente Vicente Fox el no haber brindado el apoyo suficiente a Petróleos Mexicanos (Pemex). Demostró, por lo mismo –y por si hacía falta corroborarlo–, que el gabinete de Fox resultó disfuncional. En el gabinete, había “distintos grupos, cada uno con agendas particulares y cálculos de índole electoral”, escribe Muñoz.

No sólo no hubo química entre Muñoz Leos y Fox, sino tampoco la hubo entre el gobierno y la industria química del país. Irónicamente, le tocó a Pedro Fernández Cuesta –presidente de la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIQ) y vicepresidente de Dupont México, compañía a la que Muñoz Leos dedicó los mejores años de su vida– fustigar al gobierno de Fox por no haber hecho nada por esa industria.

En noviembre, durante el Foro Nacional de la ANIQ, Fernández Cuesta tronó en contra del gobierno, acusándolo de haber tomado decisiones negativas para sus intereses. Criticó a la Secretaría de Economía por no publicar el programa de competitividad de dicha industria, pese a haberlo concluido en el 2002. Dicho programa habría contemplado una política de abasto de materia primas a precios competitivos, considerada como clave para reactivar esta industria.

Fernández Cuesta afirmó que el gobierno había ofrecido no modificar aranceles antes de garantizar la competitividad de la industria, pero incumplió esa promesa al reducir, unilateralmente y por decreto, más de 2,300 fracciones arancelarias del sector químico, estableciendo condiciones de desventaja de esa industria frente a los países asiáticos. El gobierno tampoco logró empujar el Proyecto Fénix, que habría construido un nuevo complejo petroquímico, con inversiones por 2 mil millones de dólares, a través de una coinversión entre Pemex y la iniciativa privada.

Durante muchos años, la industria química y petroquímica había sido decisiva en el desarrollo de México, integrando cadenas productivas y generando empleos. Hoy día, sin embargo, Petróleos Mexicanos (Pemex) ha dejado atrás ese papel y se dedica, como función principal, a recaudar recursos fiscales a través de niveles insostenibles de producción y exportación de crudo.

La producción de la industria química mexicana registró un valor de 15,830 millones de dólares en 2005, 14 por ciento menos que hace 10 años, según la ANIQ. En el período 1995-2005, la participación de la industria química en el PIB ha decrecido del 5.2 por ciento al 1.9 por ciento. Las importaciones de químicos se situaron en 14,857 millones de dólares en el 2005. Si se le agrega a ese monto la importación de gasolinas y otros refinados, México ya está importando derivados del petróleo por casi 24 mil millones de dólares al año, cifra que se acerca a los niveles de los ingresos por la exportación de crudo.

La balanza comercial del sector químico fue deficitaria en 7,169 millones de dólares en el 2005, cifra que equivale al 95 por ciento del déficit comercial del país y siete veces más alto que hace una década. Por si fuera poco, no existe una política de apoyo a esta industria, que es uno de los ejes de las economías de los países más avanzados.

Según la tesis de la ANIQ; los energéticos deben ser el motor para el desarrollo industrial integrado y no sólo para optimizar las finanzas públicas. Al privilegiar la renta pública sobre la competitividad, tan necesaria para el desarrollo industrial, se frenan nuevas inversiones.

En el debate sobre el modelo económico del país, el gobierno de Fox presumió finanzas públicas “sanas”, estabilidad y crecimiento, pero no ha habido desarrollo ni bienestar para las mayorías. ¿Es prioritario tener un modelo de desarrollo? ¿Se debe agregar valor a los recursos naturales? ¿Se requieren programas sectoriales y un Plan Nacional de Desarrollo? Para el gobierno de Fox, la respuesta a esas preguntas parece haber sido “no”, lo cual no fue problema, porque fluyeron los dólares por petróleo y remesas. Así, el Estado abdicó de su responsabilidad de promover el desarrollo, a pesar de los elevados ingresos que obtuvo Pemex.

Entre los retos mayores del gobierno de Felipe Calderón están el implementar un exitoso proyecto para Pemex, reactivar la industria química y retomar el tema del desarrollo... para que nadie tenga que recriminarle sus fracasos dentro de seis años.

* Periodista, consultor en materia de energía y autor del libro “Pemex, la reforma petrolera” (Editorial Planeta), del libro blanco “Pemex: Problems and policy options “ para la Universidad de Berkeley, California, y numerosos estudios sobre Pemex y políticas públicas en México. Es licenciado en filosofía y letras por la Universidad de Strathclyde, Escocia, y director general de esta revista. (energia_adebate@yahoo.com.mx)