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Regresar a la lista artículos | Inicio La era de los bioenergéticos La Ley de Bioenergéticos promueve que México se integre a la tendencia mundial de usar fuentes de energía alternas eficientes, modernas y limpias, que implican mejores condiciones de vida para el campo.
Una buena noticia para la agricultura, el medio ambiente y la industria energética de México es que, al final del período legislativo, el Senado de la República aprobó, con 72 votos a favor, 3 en contra y 2 abstenciones, la Ley para la Promoción y Desarrollo de los Bioenergéticos, abriendo la posibilidad de producir combustibles a partir de la caña de azúcar, el maíz y las plantas oleaginosas. Por desgracia, el Senado realizó modificaciones mínimas a la versión de la ley aprobada por los diputados, por lo que se devolvió esa ley a la Cámara Baja, donde –en ausencia de un período extraordinario para desahogar el amplio rezago legislativo– tendrá que esperar hasta el otoño para ser ratificada y enviada al Presidente de la República para su firma. Los biocombustibles serán una alternativa al petróleo, energético fósil cuyas reservas empiezan a agotarse en México y en el mundo y cuyo precio aumenta a niveles sin precedente, presionando a las economías de todo el orbe. Buscar la diversificación energética ya es un objetivo de muchos gobiernos y los biocombustibles ofrecen una atractiva opción de carburante líquido, que también es amigable al medio ambiente y beneficia a la agricultura. En
México, los bioenergéticos tienen potencial para contribuir al
desarrollo social en regiones donde la energía convencional es económicamente
inviable, sobre todo en zonas rurales apartadas y en las que producen caña
y maíz. También podrán ayudar a lograr la autosuficiencia
energética, ahora que Petróleos Mexicanos (Pemex) importa el 30
por ciento de las gasolinas con las que abastece el mercado nacional. La preocupación
mundial sobre el agotamiento de los mantos de petróleo de fácil
y barata extracción tampoco es ajena a México, donde se prevé
una fuerte declinación de Cantarell, el único yacimiento supergigante
del país, en los próximos años. CRECIENTE INTERÉS MUNDIAL Mientras
que el Senado mexicano analizaba la nueva ley, también los congresos
de Argentina y España promulgaron un nuevo marco legal para impulsar
los bioenergéticos y el Fondo de las Naciones Unidas para la Agricultura
(FAO) arrancó un programa de promoción a nivel mundial, sobre
todo en las naciones en vías de desarrollo donde las alzas en el precio
del petróleo pueden llegar a tener un efecto económico devastador. La
estimación realizada por la Compañía Nacional de Abastecimiento
(CONAB) sobre la zafra de caña brasileña 2005-2006 señala
una producción de 436.8 millones de toneladas, lo que representa una
caída del 3 por ciento con relación a la primera estimación
divulgada por el organismo en agosto de 2005. A pesar de esta reducción,
como reflejo del clima seco, la producción brasileña de caña
de azúcar batirá nuevo récord. Del total proyectado, 394.4
millones de toneladas se destinarán a las plantas de azúcar y
alcohol. Otros 42.4 millones de toneladas servirán para la producción
de cachaza, rapadura, alimento para animales y diseminación en plantíos. Estados Unidos no se queda muy atrás. Ha incrementado en forma acelerada su producción de etanol a partir del maíz, la cual alcanzó 8 mil 500 millones de litros en el 2005. Se prevé que su producción podría incluso igualar o superar la de Brasil en poco tiempo. Desde hace un par de meses, ya es obligatorio usar etanol en Estados Unidos como oxigenante de las gasolinas, en vez del metil-terbutil-éter (MTBE), sustancia química que cayó en desgracia después de que se descubrió que había contaminado cuerpos de agua en ese país. Una
mezcla de 7.7 por ciento de volumen de etanol en la gasolina cumple con los
requerimientos de 2.7 por ciento de peso de oxígeno que ahora se establece
en la normatividad norteamericana, si bien es común mezclarlo en una
proporción de 10 por ciento, que proporciona un peso de oxígeno
del 3.5 por ciento. Mientras tanto, el biodiesel ya se expende en más de 1,000 estaciones de servicio de la Unión Americana. En España, se manejan mezclas de hasta 5 por ciento de etanol en la gasolina. En Suecia, se cuenta con autobuses que utilizan etanol al 95 por ciento con gasolina Así como éstos podrían darse otros ejemplos, pero lo importante es conocer la flexibilidad que representa la utilización del etanol como carburante, con relación a las mezclas que pueden hacerse, conforme a la capacidad de producción de diferentes tipos de cultivos y a la oferta que se puede establecer en el mercado interno, siempre y cuando se establezcan políticas y normas claras de operación. OPORTUNIDAD PARA LOS INGENIOS Los ingenios azucareros tienen la mejor oportunidad para producir etanol en México. La industria mexicana del azúcar da sustento, directa o indirectamente, a 12 millones de mexicanos y ocupa el séptimo lugar mundial por su volumen de producción y el tercer lugar en rendimientos de toneladas de caña por hectárea. Sin embargo, la rentabilidad y productividad de los ingenios ha sido baja y es un panorama que puede cambiar con el impulso que se le podría dar a la elaboración industrial de etanol para los automóviles del futuro. Al producir biocombustibles, es primordial no establecer una competencia con la producción de alimentos, ya que debido a las condiciones en que se encuentra en la actualidad el campo, México ya no es autosuficiente en casi ningún tipo de producto agrícola, a excepción de la caña de azúcar. En los ingenios mexicanos, se han tenido producciones en crecimiento, al grado de ser autosuficientes y aún llegar a tener excedentes que no se han podido colocar en ningún lado; debido a las condiciones que se establecen en el Tratado de Libre Comercio con América del Norte y a que la estructura actual de la industria azucarera sea de muy altos costos a escala internacional. El mercado internacional de excedentes mueve 8 millones de toneladas de azúcar a 250 dólares por tonelada, mientras que México y Estados Unidos tienen los precios más altos de entre 600 y 700 dólares por tonelada. Para ello es importante, además de contar con una política nacional y con la normatividad correspondiente, el fijarse metas alcanzables, con flexibilidad en el incremento de las concentraciones en las mezclas con las gasolinas, conforme lo permita el mercado, asegurando la compra del etanol producido para ser utilizado como combustible. El cultivo de la caña de azúcar es participa con el 13.5 por ciento del valor de la producción agrícola nacional y representa el 0.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). A la vez, genera 440,000 empleos directos equivalente al 1 por ciento de la planta manufacturera nacional, dependiendo en forma directa 2.5 millones de mexicanos en quince Estados de la República Mexicana y 227 municipios, en donde vive el 13 por ciento de la población nacional que se ve beneficiada en su economía por la actividad que 58 plantas fabriles generan en las regiones productoras de caña de azúcar. Lo anterior se traduce en una producción promedio de 44 millones de toneladas de caña y 5 millones de toneladas de azúcar por ciclo azucarero. En
el caso del maíz, que es el cultivo más importante de México,
pues de él depende el 55.7 por ciento de la población total agropecuaria,
3.1 millones de productores de maíz representan el 11.3 por ciento del
PIB. En el 2004, el valor de su producción a precios de mercado alcanzó
los 35.4 mil millones de pesos, sembrada en una superficie mayor a las 8.4 millones
de hectáreas. El volumen de la producción es mayor a los 22 millones
de toneladas anualmente. Sin embargo, pese a ser el cuarto productor de maíz
en el mundo, México es un país importador de maíz y no
produce excedentes que se podrían canalizar a la elaboración de
biocarburantes. Cabe mencionar que México también ha tenido algunas experiencias con la producción de biogás producido a partir de los desechos sólidos. Por ejemplo, existe un proyecto en Monterrey que genera 7 megawatts de electricidad a partir del biogás concentrado en un relleno sanitario, así como una granja en el estado de Hidalgo que produce energía eléctrica a partir del estiércol. Sin embargo, los residuos sólidos no son materia de la Ley de Bioenergéticos, sino de la Ley de Energía Renovable, la cual también espera su turno en el Congreso de la Unión y hasta ahora ha despertado poco entusiasmo entre los legisladores. PEMEX Y CFE, A LA BIOENERGÍA De acuerdo con la Ley de Bioenergéticos, la Comisión Intersecretarial para el Desarrollo Rural Sustentable tendrá el encargo de establecer los programas de carácter regional, estatal y municipal para el manejo adecuado de cultivos y plantaciones de caña de azúcar y maíz para la producción de etanol y de plantas oleaginosas para la producción de biodiesel. Define la nueva ley que se integrarán el Secretario de Energía y los directores generales de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) a esta Comisión Intersecretarial, que deberá elaborar la estrategia nacional para el desarrollo de bioenergéticos y promover la descentralización de programas, recursos y funciones, de conformidad con la Ley de Desarrollo y otras disposiciones legales aplicables. Este órgano de coordinación y concertación también tendrá a su cargo proponer las políticas, programas, proyectos e instrumentos tendientes al apoyo, fomento, productividad, regulación y control de la bioenergía. Las transiciones energéticas tienden a ser lentas y de largo plazo, pero está claro que el alto precio del petróleo está creando un renovado interés en los bioenergéticos en todo el mundo. En México, su introducción es aún incipiente, por lo que se requiere la aprobación de la nueva ley para que los bioenergéticos reciban su primer impulso y puedan consolidarse. Recuadro ¿ETANOL EN LA GASOLINA MEXICANA? En México, las gasolinas son oxigenadas en un 6 por ciento con MTBE, el cual es importado en su mayor parte. Si se empieza a producir etanol en el país, se podría sustituir las importaciones de MTBE, permitiendo el ahorro de una cuantiosa cantidad de recursos –más de 100 millones de dólares al año– que actualmente se gasta en la importación de este producto. Con este fin, estamos promoviendo que las gasolinas que se consumen en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey contengan un mínimo de 10 por ciento de componentes oxigenantes sustentados en etanol. Esto permitiría a México recuperar su soberanía energética, ya que una proporción considerable del combustible ya no sería importado, sino provendría del etanol producido en el campo mexicano. Con base en los consumos actual y proyectado de gasolina en estos tres mercados urbanos y suponiendo una mezcla de etanol promedio del 6 por ciento, se ha proyectado que el mercado de combustible de etanol sea de entre 500 y 600 millones de litros por año (mmla). Para satisfacer la demanda proyectada del mercado utilizando caña de azúcar, doce ingenios azucareros existentes necesitarían instalar el equipo de procesamiento adicional para convertir el azúcar a 50 mmla de combustible de etanol. Además, las plantas productoras de etanol modernas pueden diseñarse para ser instalaciones con efluente cero o casi cero de aguas residuales. Isabel Gómez Macías, presidenta de la Fundación (e)misión, organización creada por ciudadanos preocupados por promover el uso de este tipo de energéticos en México.
MAYOR CREACIÓN DE EMPLEOS Sin duda, los biocombustibles son una transición al futuro en materia energética. Es decir, constituyen una especie de puente entre los hidrocarburos y los energéticos renovables del futuro como son el hidrógeno y las celdas de combustibles. Sin embargo, los procesos de incorporación de la producción, transporte, distribución y comercialización de biocombustibles son de muy largo plazo. La introducción de estos combustibles requiere de una estricta voluntad política y la concertación institucional entre los organismos de gobierno resulta vital. La participación y el compromiso del sector privado son fundamentales para el éxito del programa. La producción de biocombustibles involucra una gran cantidad de mano de obra local, con diverso grado de preparación para cubrir necesidades agrícolas, energéticas, comerciales, tecnológicas, de control de calidad, etc. Es decir, que se fomenta la creación de mano de obra, situación que no ocurre con el petróleo y el gas natural, actividades extractivas, que son fuentes más bien rentistas, con dantescas inversiones, pero que generan muy escaso empleo y cuando lo hacen, son empleos muy especializados que en América Latina generalmente viene de afuera de la región. Álvaro Ríos Roca, secretario ejecutivo de la Organización Latinoamericana de Energía (Olade). *Es consultor en materia energética y director general de esta revista (shields@energiaadebate.com.mx). ** Es investigadora del Programa de Energía de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (sarmientomr@yahoo.com.mx). Una versión de este artículo apareció originalmente en la revista Vértigo.
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