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La
refinería malquerida
¿Quién
entiende el proceso mental que se ha seguido en la decisión de licitar
una refinería en América Central y no hacerlo en México?
David
Shields*
La
decisión del gobierno mexicano de promover la licitación de una
refinería en América Central ha generado molestia y desacuerdo
en el sector energético mexicano. Pocos (si acaso alguien) entienden
el proceso mental que se ha seguido en esta decisión. Casi todos, incluso
los funcionarios de Pemex, perciben que esta refinería no responde a
los intereses de la paraestatal ni del país.
Para entender esa decisión, es importante reconocer que, en tiempos de
la globalización, los gobiernos a veces se subordinan a los intereses
de otros gobiernos, de superpotencias económicas o de compañías
multinacionales. Sin lugar a dudas, el Programa de Integración Energética
Mesoamericano (PIEM) forma parte de la integración energética
hemisférica que Estados Unidos promueve desde hace años y que
hoy se topa con la oposición del presidente de Venezuela, Hugo Chávez,
quien impulsa integraciones regionales con Brasil y Argentina a través
de Petrosur y con Cuba y las Antillas a través de Petrocaribe. El gobierno
de México se ha unido a la posición anti-Chávez y a la
decisión norteamericana de ejercer su dominio geopolítico a través
de un “arco de integración energética del Pacífico”,
desde México hasta Chile.
Agreguémosle la vocación puebla-panameña del Presidente
Fox en apoyo a los centroamericanos, quienes le pidieron apoyo frente a la carestía
de los combustibles, más la ideología panista pronorteamericana
que ve a Pemex como un obstáculo a la integración y que respalda,
en forma irrestricta, la apertura del sector a compañías internacionales.
Con estos elementos, se empieza a entender la lógica y la ideología
del proyecto centroamericano, la cual llega al extremo de negarle a Pemex la
construcción de la nueva refinería prevista en su plan de negocios.
Felipe Calderón se ha unido al prejuicio ideológico foxista que
le niega recursos a Pemex –se trata, cuando mucho, de 3 mil millones de
dólares– para construir una refinería en el país,
si antes no se realizan cambios a la Constitución para asegurar la participación
de compañías internacionales en el proyecto. “Desde luego
que me gustaría que la refinería se pudiera hacer en el propio
territorio mexicano, pero la legislación hasta el momento es muy restrictiva”,
dice Calderón.
En realidad, nada impide la construcción de una refinería en México,
que no sea la ideología y la falta de voluntad de nuestros gobernantes
y su antipatía hacia Pemex. La propuesta centroamericana es un golpe
artero en contra de los intereses de la paraestatal, que nunca fue consultada
al respecto. No obstante, se pretende obligar a Pemex a licitar el proyecto
y a entregarle 230,000 barriles diarios de crudo durante 20 años. Luego
se preguntan por qué Pemex se está desmoronando financiera y operativamente.
Es difícil ver una lógica económica e industrial, o incluso
factores de viabilidad, en el proyecto de la refinería centroamericana.
Parece improbable, por ejemplo, que Pemex tenga crudo suficiente para cumplir
el compromiso de abasto en el 2012, cuando empiece a operar. Además,
esa refinería competiría con las refinerías de Pemex en
cuanto a precio y mercado, procurando abastecer a clientes y mercados que Pemex
podría surtir desde el sur de México. Esto, a su vez, le quitaría
sentido económico al proyecto de una nueva refinería en México.
Surgen infinidad de preguntas sobre la viabilidad. Por ejemplo, ¿cómo
se puede el gobierno federal comprometer dicho volumen de crudo durante 20 años,
cuando es el Congreso quien aprueba la plataforma de exportación de Pemex?
¿Cómo es posible que Pemex (a través de PMI Comercio Internacional)
licite una obra a ser construida en otro país? ¿Con base en qué
fundamento legal?
Ahora, si el presidente Fox quiere bajar el costo de la energía para
los centroamericanos, hay otras cosas que podría hacer. Se ha propuesto
flexibilizar el Pacto de San José y elaborar un programa regional de
cooperación técnica en eficiencia energética. Ya se construye
una interconexión eléctrica entre México y Guatemala. Sin
embargo, parece que la apuesta es que la fuerza de la ideología integracionista,
en su versión anti-Chávez, cohesione a la región y haga
políticamente viable el proyecto de la refinería, aun cuando los
fundamentos económicos y legales son cuestionables.
Desde una perspectiva netamente mexicana, lo deseable sería que la Secretaría
de Energía, en vez de promover proyectos petroleros en el exterior, se
dedicara a elaborar una política de Estado coherente para reordenar y
fortalecer la industria energética de México, sobre todo, de cara
al nuevo sexenio.
Además, muchos quisiéramos que México mantuviera mejores
relaciones con países –antes, los llamábamos hermanos–
como Cuba, Venezuela, Bolivia, Perú y Argentina. Esperemos, pues, que
nuestro gobierno vea la conveniencia de no vivir en eterna confrontación,
dentro y fuera del país, por defender ideologías.
*
Periodista, consultor en materia de energía y autor del libro “Pemex,
la reforma petrolera” (Editorial Planeta), del libro blanco “Pemex:
Problems and policy options “ para la Universidad de Berkeley, California,
y numerosos estudios sobre Pemex y políticas públicas en México.
Es licenciado en filosofía y letras por la Universidad de Strathclyde,
Escocia, y director general de esta revista. (energia_adebate@yahoo.com.mx)