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Regresar a la lista artículos | Inicio Siendo poco el amor… Hablando de energía limpia y habiendo un vasto potencial geotérmico por explotar, ¿tiene sentido esforzarse por arrancarles las últimas partículas de azufre a la gasolina? MARIO HERNÁNDEZ SAMANIEGO* Siendo tan poco el amor que ni siquiera alcanza para dar mantenimiento adecuado a las refinerías, ¿cómo entender que Pemex Refinación se comprometa a hacer cirugía mayor a las refinerías para mejorar la calidad de las gasolinas y del diesel en un plazo imposible de cumplir de dos años y a un costo poco menos que exorbitante de casi 3 mil millones de dólares? El director de Pemex Refinación afirma (REFORMA, 23 y 30 de agosto) que en octubre (de este año, conste) la gasolina Premium bajará de 300 partes por millón (ppm) de azufre a 30; que para el 2008 toda la gasolina Magna pasará de 300 a 80 ppm y para enero de 2009 el diesel contendrá 15 ppm. Todo lo cual quiere decir que en ese término debe quedar terminado un proyecto que incluye la ingeniería y construcción de 11 plantas de postratamiento de refinados, modernización de 18 plantas de destilados intermedios, la construcción de 4 hidrodesulfuradoras de diesel y la adaptación de 7 plantas complementarias de hidrogeno y azufre. Aquí vale recordar que la reconfiguración de la Refinería de Cadereyta tardó 7 años y la Refinería de Minatitlán lleva algo así como 3 años y todavía está en etapa de hincado de pilotes. Obviamente,
este fumarólico plan va dirigido, con amplio margen de impunidad, a complacer
a un público incauto. En breve, cambia el gobierno y de paso la administración
de Petróleos Mexicanos, de suerte que el que sale puede decir “el
que venga atrás que arree” y el que venga atrás afirme con
sobrada razón “¿y yo por qué?” Nadie con kilo y medio de materia gris en activo puede negar que hay que combatir la contaminación, pero vale preguntar si no es mas lógico matar dos pájaros de una pedrada, construyendo dos nuevas refinerías capaces de satisfacer la demanda de gasolina y diesel y, al mismo tiempo, capaces de producirlos respetando las normas de contaminación y con menos cirugía a las refinerías existentes. Suena bastante absurdo que la Secretaría del Medio Ambiente y otros defensores ambientales, por andar a las prisas, luego de un retraso de décadas, le meta zancadilla a Pemex. ¿Por qué no ponerse de acuerdo ambas partes y elaborar un plan balanceado que cumpla cantidad y cantidad y dé un poco de oxígeno a Pemex para que pueda cumplirlo? Tratándose de fuentes de energía no contaminante, se escribe más que abundantemente de energías como la solar y la eólica, que son renovables y no contaminantes, en tanto que los hidrocarburos no son renovables y sí son contaminantes, aun las gasolinas con 30 ppm de azufre por su emisión de bióxido de carbono. Lamentablemente el sol y el viento operan intermitentemente: el primero porque entre día y día se interpone la noche y el segundo porque el viento es veleidoso. Por otro lado, la energía derivada de productos agrícolas tiene un serio inconveniente: se requiere una gran cantidad de materiales agrícolas para producir cantidades modestas de energía, ya sea directamente o mediante transformación. Pero además, a medida que sube el precio del petróleo, los petrolíferos subirán también de precio, y obviamente, por simple competencia, subirá el precio de los productos agrícolas que se transformen en energía en sustitución de los combustibles petroleros. En esa competencia, los paganos seremos quienes se alimenten de esos productos agrícolas. Ante esto, no se debe perder de vista la opción de aprovechar otro recurso energético con el que México ha sido bendecido: un enorme cinturón volcánico que en la actualidad sólo sirve para calentar el Mar de Cortés y para lanzar nubes de vapor, gases, cenizas y ríos de lava que son grandes espectáculos, pero que ni siquiera nos calientan en invierno. Se trata de una fuente alterna de energía que ni contamina ni se acaba. La poca geotermoelectricidad que se genera en el país marcha como Cantarell a su extinción. Hay poca inversión en ella y poca investigación de su potencial. No hemos delimitado el eje volcánico, ni hemos explorado temperaturas ni flujos subterráneos de lava mediante métodos geofísicos sobradamente conocidos, ni hemos desarrollado técnicas novedosas de extracción del calor de la lava fuera del vapor que produce naturalmente el contacto de agua subterránea con el torrente de lava. Si
hemos sido capaces de extraer energía del átomo, ¿por qué
no hemos de ser capaces de extraerla de la tierra? Lo hacen con mayor éxito
Hawai, Italia, Islandia, Nueva Zelanda y Japón. Pemex, CFE y los institutos
del petróleo y de investigaciones eléctricas tienen recursos humanos
y físicos para esta exploración; recursos humanos que deambulan
por la calle por falta de aprovechamiento, y recursos humanos jóvenes
que no quieren seguir carreras técnicas por falta de oportunidad. Además,
la lava al rojo vivo es un bien de la Nación no sujeto a privatización,
por lo que a la mejor su aprovechamiento no constituiría manzana de discordia
constitucional. Se habla muy correctamente de sustituir energía petrolera por energía nuclear. Pero valdría la pena solicitar a las autoridades que nos informen, detalladamente, cuál de las fuentes –nucleoelectricidad o geotermoelectricidad– requiere menor inversión y tiene menores costos de producción, y obviamente cuál es menos contaminante y más segura. Y tener en cuenta que la gente tiene temor a un posible Chernobyl y que se requiere tener a mano lugares donde enterrar los desechos radioactivos. *
Fue subgerente de petroquímica y gerente de refinación en Petróleos
Mexicanos. Laboró en la empresa durante 30 años. Es miembro del
Grupo de Ingenieros Pemex Constitución del 17.
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