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La utopía de la energía renovable

Ante los riesgos y daños que a escala planetaria representan el cambio climático o el deterioro de la capa de ozono, hay que mantener el entusiasmo por un desarrollo basado en la energía limpia.

JOSÉ ARIAS CHÁVEZ*

Curva de aprendizaje para módulos fotovoltaicos para el periodo 1976-2001 y proyección a un precio de rentabilidad de US $1,50/watt-pico; muestran la importancia de promover las aplicaciones en gran escala (Fuente: Dr. John Byrne, datos de Paul Maycock, 2002)

En la edición pasada de Energía a Debate, presentamos, de una manera esquemática, una reflexión sobre los mitos y realidades de la energía renovable (ER). En esta entrega, intentaremos perfilar brevemente las ideas generales de lo que consideramos nuestra utopía posible.

Mucho se ha hablado y teorizado sobre el tan traído y llevado desarrollo sustentable, aunque no son tantos los que saben que proviene de la llamada Cumbre de la Tierra, de Río de Janeiro (1992); menos aún quienes saben que se acuñó en el Informe “Nuestro Futuro Común” que promovió la primera ministra noruega, Gro Harlem Brundtland desde 1988. Quizás sean todavía menos aún los que han reflexionado las implicaciones que supone ese concepto. Es decir, ¿Qué implica técnica, económica y hasta políticamente la idea de un desarrollo tal que no comprometa las posibilidades del futuro?

Para nosotros los técnicos y los investigadores, quienes supuestamente entendemos bien lo que ello significa, y estamos técnicamente capacitados para discernir y evaluar los cambios que requiere una política de desarrollo sustentable, a fin de realmente hacerse posible, ¿qué conlleva ésta en términos energéticos?

a) Beneficios económicos y tecnológicos, pero también sociales, a la salud humana y la de los ecosistemas. Además, una calidad de vida más digna, que sea realmente mejor y no sea lograda a costa de la calidad de vida de los demás.

b) En tanto que el desarrollo, para ser sustentable, requiere el no comprometer para beneficio de los de hoy los recursos de los de mañana, entonces ello implica, en lo que a energía se refiere, usar sólo la ER, pues todas las demás fuentes van a ir agotando reservas finitas.

c) Por otro lado, pero no menos importante, la condición de que la ER en varias de sus formas suele estar muy dispersa y no se presta para nada a ser tan concentrada como en las formas convencionales. Por lo mismo, es inherentemente más segura ante los riesgos de catástrofes naturales y difícilmente puede ser blanco militar o del terrorismo. Esto también le confiere características que, al impedir su centralización, favorecen un uso que esté más al alcance de muchos y en condiciones sustancialmente más equitativas, de mayor posibilidad de justicia social, ambiental y humana.

d) Si tal vocación de equidad es comprensible en sus términos territoriales, también lo es en un contexto histórico y geopolítico. Efectivamente, la índole relativamente más sencilla y a una escala tecnológicamente no muy sofisticada que tiene la tecnología y las técnicas de la ER, igual van a garantizar una mayor equidad entre las naciones y regiones ricas con las más atrasadas y pobres; y con menores diferencias tecnológicas entre países industrializados y pobres, que una tecnología apropiada no pudiera superar. Es decir, la ER ayudará también a salvar el handicap de las desventajas previas de los países del Tercer Mundo.

e) Además, sin duda, en tanto que la ER no es la panacea que muchos quisieran que les permitiera conservar estilos de vida que si no fuera posible calificarlos de irracionales, si al menos lo es de irresponsables, poco solidarios y faltos de principios éticos con nuestros descendientes del futuro y con los demás seres vivos que comparten el planeta con nosotros. Estos calificativos quizás pueden dar lugar a controversia, pero podemos asegurar que tales modos de vida seguro no son sustentables.

f) Esta obligada transición a la ER ya en curso será entonces necesariamente menos consumidora de los recursos del planeta –en especial de los de la energía fósil– y con ello, será una de las claves para un nuevo mundo más equilibrado, con una mayor armonía entre el ser humano y la naturaleza que lo sustenta, pero además, ayudará a que los humanos sean algo más sanos, justos y así, más dignos de su futuro.

Pero, ya un poco más allá de lo estrictamente energético, estamos viendo la amenaza que comporta en la escala cercana y limitada de los territorios, la destrucción de ecosistemas, los riesgos y daños a escala planetaria que representan asuntos como el cambio climático o el deterioro de la capa de ozono, que se deben al gran abuso que se ha hecho tanto de la energía fósil como de todas las demás y en general de los recursos naturales. Si todavía recordamos que en general la ER es mucho más benigna con la biósfera, con la vida toda, pero, además es la que intrínsecamente no va a ya aumentar ni el efecto de invernadero, ni al hoyo en la capa de ozono, entonces ¿se comprende por qué nuestro entusiasmo al avizorar tal utopía posible?

Este es el escenario oficial de largo plazo para la transición a la energía renovable que fue ya adoptado en Alemania, basado en el uso final de la energía, y que corresponde a una muy significativa disminución del consumo neto de energía y de una participación eficiente y al final mayoritaria de la energía renovable, y todo ello, en un esquema de una economía que se planea aún en expansión. Si bien este el caso paradigmático, no tiene por qué ser exclusivo Fuente: Manfred Fischerdick, del Wupertal Institute for Climate, Environment and Energy, 2002.

Estimación del costo de la electricidad ajustado al riesgo basado en el precio histórico de los combustibles. (Fuente: Dr. Shimon Awerbuch, Revista RENEWABLE ENERGY WORLD, Marzo-Abril de 2003; p. 58, con datos sobre fotovoltaicos agregados de otro trabajo del Dr.Awerbuch) Los costos nivelados enmascaran información intertemporal importante. Los consumidores después del año 2015 pueden estar insatisfechos con la elección en el año 2000, de emplear plantas de ciclo combinado a base de gas natural para generar electricidad, según el Dr. Awerbuch.

 

*Profesor del Programa de Energía de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (ppariasx@hotmail.com)